martes, 14 de julio de 2015

Los lazos (Florence Noiville)

Título original: L'attachement
Traductora: Alicia Martorell
Páginas: 152
Publicación: 2012 (2015)
Editorial: Alianza
ISBN: 9788420698960
Sinopsis: Anna descubre una larga carta escrita por su madre, Marie, una escritora de éxito, tras haber fallecido. Iba dirigida al que fue su primer gran amor, H., su profesor de literatura cuando ella tenía diecisiete años. Un hombre, casado y con dos hijos, al que nada le unía: ni la edad, ni la clase social, ni su aspecto desaliñado... Pero al que amaba y admiraba profundamente al haberle él abierto los ojos al mundo, al arte, a la literatura... ¿Llegó a enviar aquella carta? ¿La recibió H.? Según la va leyendo, Anna quiere saber más de ese hombre. Pregunta a su familia y a los compañeros de su madre, tratando de entender aquella relación; de conocer mejor a su madre, desaparecida cuando Anna tenía catorce años en un accidente de tráfico, y al mismo tiempo a sí misma. A través de esta carta, madre e hija establecen un diálogo tan íntimo como imprevisto.


¿Cuántos soy? ¿Tú también sientes lo mismo? Esta disgregación. Todos estos fragmentos de mi yo en migajas que se espían sin comprenderse. El que habla y el que escribe, el que ama y el que razona, el enardecido y el que duda. En mi interior hay alguien que actúa y alguien que se contempla mientras actúa. El segundo dice al primero. “¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué lo has hecho?"

Así empieza el libro, con preguntas, con esas desuniones internas, una cosa y la contraria coexistiendo, de nuevo las inevitables contradicciones. ¿Por qué tiene que ser una lucha? Intentamos fusionar todas nuestras partes, nuestros fragmentos, nuestras aristas. Unificarnos. E intentamos razonar. Pensar. Ser coherentes. ¿Somos más coherentes si aglutinamos todas nuestras luces y sombras en un único prisma que no descomponga las luces y sombras en un arrebolado arco iris? Elijo la ilógica coherencia de la diversidad, de la diferencia, de variedad, e incluso de las contradicciones… La alocada coherencia de ser una misma.

¿Qué ocurre en nuestro interior cuando creamos lazos con un ser al que nunca hubiéramos debido acercarnos?

Anna intenta responder a esa pregunta a través de la carta de su madre, Marie, que a su vez intenta desglosar qué ocurre, qué ha ocurrido en su interior al enlazarse con alguien a quien nunca debiera de haberse acercado. El problema es que, quizás, la pregunta esté mal planteada y por eso ya se responda a sí misma cuando añade lo de “nunca hubiéramos debido acercarnos”.

Un homenaje a Nabokov y su Lolita. Más que un homenaje, una réplica. Digamos que intenta mostrarnos la mirada de Lolita. Lolita mirando a Humbert Humbert. Y Marie será nuestra Lolita, que con 17 años se enamora (y es correspondida) de un hombre del que le separan 32 años. Porque claro, parece que 32 años de diferencia separan, no unen. Pero los lazos que ensamblan alma con alma son… irracionales. Ante algo así, mejor sentir y no pensar.

Y es que a veces hay que arriesgar. ¿Por qué es un riesgo? Por los clichés. Que hay relaciones que parecen imposibles. Hace no mucho veíamos la relación entre una mujer y un oso, y parece que la relación entre dos personas que se llevan 32 años de diferencia es igual de antinatural. O al menos poco entendible. Todo el mundo tendrá algo que decir de esa relación, que nadie parece comprender salvo las dos personas que la viven. Intentar encontrar una lógica al amor sí que es antinatural, va contra la propia esencia del amor.

No será una atracción física lo que sienta Marie por H., el magnetismo nacerá de algo mucho más poderoso: la mente y el alma de H., un hombre inteligente y sensible. La inteligencia, la música, la literatura, los sentidos, sus esencias… eso les entrelazará. Y esos lazos son indestructibles. Perdurarán más allá de la relación.

Pero ya ha ocurrido lo esencial. Me has dicho “Te amo” con el lenguaje del Siglo de Oro. Y en nuestro pequeño teatro sentimental, esto será para siempre la “escena primitiva”. La Impronta.

¿Y qué pasó?

Pensaba que éramos dueños de las historias que contamos

Debiéramos de serlo. Dueños de nuestras propias historias. Pero no vivimos solos, nos rodea una sociedad que, con más o menos sutileza, va apropiándose de historias que no le corresponde. Si eres fuerte, serás libre, serás quien escriba tu propia historia. Ser libre te deja sola. Pero si no lo eres, no podrás con el lastre de aquello que te rodea.

Esto es lo que te sugiero: nada de docilidad, nada de modestia. Olvida a la jovencita bien educada. Sé inmoral, presuntuosa, arrogante, desagradable. Atrévete a la falta de respeto absoluta. Tienes que ser como eres: delicada, narcisista, hipersensible, egocéntrica, fantasiosa, provocadora. No temas salirte del buen camino. Elige la vida. La vida viva.

Si queréis saber qué eligió Marie tendréis que leer este libro, delicado y tierno, del que saldréis con muchas preguntas y reflexiones, las que la propia Marie plantea y las que surjan de vosotros/as.

(©AnaBlasfuemia)

jueves, 9 de julio de 2015

Éramos unos niños (Patti Smith)

Título original: Just kids
Traductora: Rosa Pilar Pérez Pérez
Páginas: 304
Publicación: 2010
Editorial: Lumen
ISBN: 9788426414052
Sinopsis: Corría el mes de julio de 1967 y eran unos niños, pero a partir de entonces Patti Smith y Robert Mapplethorpe sellaron una amistad que solo acabaría con la muerte del gran fotógrafo, en 1989. De eso habla este espléndido libro de memorias, de la vida en común de estos artistas, los dos entusiastas y apasionados, que cruzaron a grandes pasos la periferia de Nueva York para llegar hasta el centro neurálgico del nuevo arte. Fue así que acabaron instalándose en el hotel Chelsea y se convirtieron en los protagonistas de un mundo hoy ya perdido donde reinaban Allen Ginsberg, Andy Warhol y sus chicos, y se creaban las grandes bandas de música que marcaron los años finales del siglo XX, mientras el sida hacía estragos.

Amo el rock and roll y adoro a Patti Smith, entre otros muchos cantantes y grupos de los 60’,70’ y 80’. Que este libro cayera en mis manos era inevitable. Lo hice esperar como un postre deseado por el que renuncias a los platos anteriores para hacerle un hueco y luego saborearlo despacito, sin masticar, dejando que se deshaga en el paladar.

Hay libros que te devuelven “cosas” (y las mejores cosas de la vida no son cosas), no sólo recuerdos, sino tramos de tu propia esencia, algo que te pertenece y que el tiempo va difuminando, como poniendo una niebla alrededor de aquello que es, en el fondo, tu sustento personal, la piedra angular de quien eres. Y eso es lo que me ha devuelto este libro, un latido, un impulso, un ritmo que hacía tiempo no circulaba por mis venas.

Éramos unos niños es la biografía de Patti Smith, desde que conoce a Robert Mapplethorpe hasta que este fallece de SIDA. Mapplethorpe revolucionó el mundo de la fotografía con sus fotos en blanco y negro, cargadas de erotismo y sexualidad. Tachado de pornográfico y obsceno por quienes tienen la mirada sólo en blanco y negro, Robert minimizaba las fotografías hasta conseguir una estética en la que se reflejaba su compleja personalidad. Mapplethorpe era homosexual y las relaciones entre hombres (y las flores) eran una parte esencial de su obra. Hoy en día muchas de sus fotografías siguen siendo censuradas en exposiciones.

Patti Smith es una persona muy culta, una enorme lectora y conocedora del arte en todas sus expresiones, aparecen constantes referencias a escritores, poetas, pintores, músicos, actores… Impresiona su mirada, subjetiva, pero tremendamente inteligente y profunda.

Patti, nadie ve como nosotros.

La amistad y el amor inquebrantables entre Patti y Robert es la base de este libro autobiográfico. ¿He dicho amor? ¿pero no era homosexual Robert? Sí, lo era… ¿y?... Hay tantos tipos de amorCuando dos almas se reconocen como una sola no habrá nada (¡nada!) que les impida estar juntas. Y nada impidió que Patti y Robert se fueran fieles el uno al otro, ni siquiera que ambos tuvieran distintas parejas, que Patti se casara, tuviera hijos… Y aun así no sólo se fueron fieles entre ellos, lo fueron también con sus parejas. Si os cuesta entenderlo, tendréis que leer el libro.

Más allá de la relación entre Patti y Robert, está la época y el lugar en que vivieron. Una época irrepetible en la que confluyeron artistas cargados de creatividad, explorando posibilidades artísticas, concibiendo una cultura vanguardista, CREANDO… Una psicodélica Nueva York, con el mítico Hotel Chelsea, en la que se producía un estallido cultural que sería único. La cantidad de artistas que desfilan por este libro te pone los pelos de punta: Warhol, Hendrix, Janis Joplin, Dali, Allen Ginsberg, Burroughs, Pollock, Kris Kristofferson, Lennon, Yoko Ono, Bob Dylan, Susan Sontag, Morrison, Sam Shepard, Tennessee Williams…

Una lista innumerable de artistas cruzándose unos con otros, una Nueva York más viva de lo que ha estado nunca. Y la droga. Y el sexo. Y el SIDA iniciando una carrera imparable. Una Nueva York salvaje, sin domesticar. La Nueva York de los 70’ es un collage impresionante en el que se entremezcla música, arte, drogas, Vietnam, hippies, movimientos sociales, los Kennedy, Martin Luther King… Una época rebelde y libre que marcaría un antes y un después.

Y en medio, Patti y Robert, con sus luchas, su tremendo talento, sus fantasmas, sus demonios, su creatividad buscando el medio en el que expresarse. Porque ninguno de los dos empezó con aquello por lo que luego serían reconocidos: fotografía y música. Robert exploró muchas expresiones artísticas antes de llegar a la fotografía. Y Patti pintaba, escribía poemas… hasta que consiguió fusionar poesía y rock and roll.

Este fascinante libro no sólo es una autobiografía, es también un libro de viajes, un recorrido por el imprescindible Nueva York setentero a través de la mano de Patti Smith, contado desde dentro, entrelazados Patti y Robert. Un Nueva York que ya no existe. De forma exquisita Patti hace de guía para contar la historia de una ciudad y lo hace tanto con sus ojos como con los de Robert, porque ambos tenían la misma mirada, lo que convirtió su relación en una simbiosis de almas absolutamente indestructible. Hay un enorme derroche de amor en este libro: el amor entre Patti y Robert, el amor a Nueva York, el amor al ARTE (con mayúsculas), a la creatividad, a la vida…

¿Adónde conduce todo? ¿En qué nos convertiremos? Aquellas eran nuestras preguntas de juventud, y el tiempo nos reveló las respuestas.

Conduce al otro. No convertimos en nosotros.
Eran unos niños. Hay que serlo siempre.




domingo, 5 de julio de 2015

Microblasfuemiadas (I)

Un día mi "profe", Clarisa Leal, escribió un texto en su muro del Facebook, y no pude evitar contestarle con otro. Y ese intercambio es el primero que he elegido compartir aquí, junto con algunos textos cortos que he ido escribiendo, estimulada por el entusiasmo de Clarisa y la "obligación" de escribir todos los días durante 10 minutos como mínimo. Así, gracias a ella, es como nacieron las microblasfuemiadas. 

Uso plumas en mi cabeza para recordar que tengo la capacidad de volar. Que, nada ni nadie, puede impedir la creación de historias soñadas o poemas emocionados. Que, en el momento menos pensado, aletean y refrescan el ánimo asegurando un instante de felicidad contenida en tan sólo unos metros cuadrados. Y que, al sentirse preparadas, vuelan ligeras al amparo de otras miradas, reconocedoras ajenas de recíprocos sentimientos. Uso plumas en mi cabeza y, cuando las peino, desprenden un aroma libertino y libertario, divertido y excitado, amado y odiado… Y en el confortable nido de mis manos les incubo nuevas ganas, nuevas necesidades...

Y dirán que tienes pájaros en la cabeza, ajenos a sus propias alas, ignorantes del espacio por encima de sus cabezas, forasteros de la libertad de volar. Extraños que hacen del nido su único territorio. Y dirán que bajes a tierra, mientras sus cadenas componen una invariable banda sonora que no atina a descifrar el sonido libre de tu aleteo. ¿Me pasas el peine? Se me ha descolocado una pluma. (©AnaBlasfuemia)



Escribir durante 10 minutos.
Todos los días.

Sin una receta que indique la dosis adecuada,
el tratamiento más propicio y eficaz,
o te advierta de los efectos secundarios más indeseables.

Encontrar la pauta sin que nada se tambalee,
la cadencia que sostenga la atención precisa,
las palabras pertinentes que describan el acierto.

Escribir durante 10 minutos todos los días.
Y no nombrarte.

Delante de la puerta cerrada, esperó. Y en su cabeza los pájaros hicieron lo suyo, volar. 

Quiero irme, quiero quedarme.
Quiero cordura, quiero locura.
Quiero volver, quiero alejarme.
Quiero detenerme, quiero avanzar.
Quiero quererte, quiero olvidarte.

Quiero una cosa, y la contraria también.

Que te vayas, que te quedes.
Que te alejes, que te acerques.
Que me olvides, que me abraces.
Que me sueltes, que me sostengas.

Quiero una cosa, y la contraria también.


Te extraño, porque a veces vienes sin ti. 
(©AnaBlasfuemia)



Como el pájaro que nunca se olvida de volar. 
Al igual que el mar guarda en su memoria cada ola 
o la naturaleza nunca desconoce sus colores. 
Como el salmón que vuelve al lugar en que nació. 
Así se me olvidó olvidarte.